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Gabriel García Márquez y su mundo al revés

Última modificación : 07/03/2018

© Yuri Cortez / AFP | El ganador del Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, saluda a la prensa en su cumpleaños número 87 en Ciudad de México.

Por Eél María Angulo

El escritor colombiano, ganador del Premio Nobel de Literatura, celebraría hoy su cumpleaños número 91, tras una vida de letras, periodismo, soledad, mar y amor.

Noventa y un años atrás, en el norte de Colombia, nació un amante de la magia. Era el primer domingo de marzo de 1927 y en el caluroso pueblo de Aracataca una tormenta amenazaba al sol.

Cincuenta y cinco años después de aquel aguacero, el mundo escuchó el eco del nombre del pequeño que había sido llamado Gabriel García Márquez. Era el segundo viernes de diciembre de 1982 y en la capital de Suecia un grupo de reporteros lo fotografiaba vestido de blanco. Llevaba zapatos negros y sonreía con la misma ilusión de quien ve por primera vez el mar. Había ganado el Premio Nobel de Literatura y era justo eso. Era mar, letras, sol, Caribe, realidad, tormenta, magia y soledad.

Sus obras llevaban impreso ese sello, el de la soledad. Con el, nombró su obra cumbre y tituló el discurso con el que aceptó su reconocimiento más importante, 'La soledad de América Latina'. Pero hablaba de algo más que una sensación. Se refería a profecías, leyendas, sangre, política e independencia. Hablaba de segundas oportunidades. De las alternativas que merecía una estirpe libre y confiada de su riqueza.

Para contar, Gabo tocó, visitó, olió y saboreó el mundo. Viajó adonde no debía y dijo lo que otros no querían. Vivió y contó. Pero su curso a la literatura estuvo marcado por las noticias, por el afán diario, por el periodismo.

Se declaraba reportero de libreta, lápiz y esencia. De memoria sin grabadora. Cultivaba el recuerdo como un guion íntimo de lo conocido, como una bitácora interna de lo que se resistía a olvidar y fue ahí, cuando empezó sus jornadas como periodista, que descubrió que su vida sería al revés.

En sus primeros años, el Gabo periodista dormía de día y trabajaba de noche. Escribía sobre lo que lo sorprendía. Cada detalle podía convertirse en un tema para él, incluso la pintura de un payaso detrás de una puerta.

Le gustaba hablar con los celadores, escudriñar en los bares y mercados como si fueran cuevas secretas y sentir el aroma de la madrugada. Se basaba en la realidad, pero disfrutaba de las travesías de la imaginación como una ruta directa a la creación, a las páginas.

Los trazos de su pluma comenzaron con la historia de una joven que se convertía en mariposa y siguieron con la escritura de varios poemas. Tras sumergirse en la obra de Franz Kafka descubrió su pasión por los cuentos. Poco más de 24 horas después de leer 'La metamorfosis' inició un viaje eterno, redactó 'La tercera resignación' y continuó con las líneas en las que imaginó que una mujer llamada Eva estaba dentro de un gato.

Así como Eva vivió dentro de aquel peludo y felino animal, Gabo vive en sus textos. Sus frases vencen el frío más allá de la muerte que lo alcanzó el tercer jueves de abril de 2014. Para entonces, vivía en México y llevaba lentes. Y hoy, noventa y un años después, los libros que dejó inyectan en sus lectores ligeras gotas de la magia con la que empapó su realidad, de las olas que lo empujaron a convertirse en un noctámbulo empedernido y a crear su propio mundo al revés.