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Un fotógrafo en el infierno de Guta

Última modificación : 23/02/2018

© Abdulmonam Eassa Abdulmonam Eassa / AFP | Una familia siria atraviesa una nube de polvo. Huye de los ataques aéreos del régimen en la ciudad de Jisreen, en la sitiada región de Guta oriental, en las afueras de la capital, Damasco, el 8 de febrero de 2018. En el cuarto día consecutivo de los fuertes bombardeos del régimen de Bashar Al Assad en el enclave de los rebeldes de Guta Oriental, cerca de Damasco. 8 de febrero.

Por FRANCE24

Abdulmonam Eassa es un fotoperiodista de 24 años que trabaja en la zona sitiada Guta, en Siria. Un lugar llamado por la ONU como "el infierno en la tierra". Este es su testimonio.

Desde hace cinco días los bombardeos no se detienen en Guta Oriental. Ni siquiera por la noche. Antes, se enfocaban en las zonas de combate, raramente se dirigían a las áreas residenciales. Pero ahora las calles y rmercados están completamente vacías de mujeres y niños, solo se ven algunos hombres.

Las personas se sientan en la planta baja de las casas o en los sótanos de las escuelas. Algunos han excavado refugios subterráneos, pero los ataques aéreos son tan intensos que incluso allí hay heridos o muertos.

Una foto tomada el 8 de febrero de 2018 muestra columnas de humo que se elevan después de un ataque aéreo reportado por el régimen en el enclave de Jisreen, en el este de Guta, cerca de Damasco. © ABDULMONAM EASSA / AFP

Las fuerzas leales a Bashar Al Assad atacan deliberadamente a los rescatistas. Estuve en Jisreen (una pequeña ciudad en el enclave) con los socorristas, después de un ataque, y tomé fotos. Un avión regresó lanzando un misil a cien metros de donde estábamos.

Y luego, unos minutos más tarde, mientras estaba en una casa donde los rescatistas intentaban salvar a dos niños y una mujer atrapados bajo los escombros, el área era fue blanco de la artillería.

Estaba abrumado por el miedo, pero me di cuenta de que no cambiaría nada, así que me quedé y tomé fotos rápidamente. Después del primer ataque, el aire se llena de miedo. Incluso los socorristas tienen miedo.

La vida se ha vuelto tan aterradora, tan llena de sangre… Vi tantas cosas horribles, parientes fotografiados y amigos heridos. Todos tememos que la situación termine como en el asedio de Alepo.

En tales condiciones, para obtener suministros hay que ir a los pocos mercados temprano en la mañana. Hay tiendas abiertas todo el día, con personas tan acostumbradas al bombardeo que parecen esperar la muerte en la calle, solo para vender algo, algo para quedarse un poco más.

Niños sirios limpian su tienda de escombros después de los informes de ataques aéreos del régimen en la ciudad de Kafr Batna © ABDULMONAM EASSA / AFP

Hay productos agrícolas que se cultivan en la zona y suministros que entran en el enclave, pero a un precio exorbitante.

Yo necesito electricidad para cargar mis baterías y enviar mis fotos, hay servicio alrededor de cinco horas por día. Es muy costoso, me cuesta unos 80 euros al mes.

Las comidas son simples. El desayuno, por ejemplo, es un poco de yogurt con aceitunas. Una comida típica es arroz, o bulgur, punto. Hay carne, pero muy pocas personas pueden pagarla. A veces con bombardeos, ni siquiera puedo terminar mi desayuno. Salgo de la casa tan pronto como comienzan los ataques aéreos y vuelvo por la noche sin haber comido nada en el día.

Ayer me fui con el estómago vacío. Fotografié tres masacres en Jisreen, Saqba y Arbin. Cuando llegué a casa, había comida, pero no pude tragar. La fatiga y la presión psicológica eran demasiado fuertes. No pude dejar de llorar. Envié mis fotos y colapsé. Me levanté temprano, con el sonido de un nuevo bombardeo, en Hamouriya.

Durante el día, solo hay hombres en las calles. Se paran cerca de la entrada de su casa, y cuando oyen el sonido de los aviones, salen niños y mujeres y huyen del lugar. Pero al que se dirigen también podría ser bombardeado.

Ya no hay un lugar seguro. Los ataques están dirigidos a mezquitas, casas, mercados, escuelas, calles principales, incluso a algunos sótanos. Hay misiles que los golpean primero y luego a los edificios circundantes. A menudo salgo de mi casa temprano en la mañana y descubro que un lugar cercano ha sido atacado.

En estas condiciones, todo debe hacerse lo más rápido posible. Incluso sepultar a los muertos. La gente teme que los cementerios sean bombardeados. A veces los entierros son en la noche.

Niños sirios juegan con armas de cartón en la ciudad de Harasta, controlada por los rebeldes, en la región oriental de Guta. El 25 de enero de 2018.

N.D.L.R: 14 de febrero la ayuda humanitaria llegó a Guta Oriental. Es el primer convoy en entrar desde fines de noviembre, anunció la ONU.

 

 

 

 

Con AFP.

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